beladona.jpg (26702 bytes)El siglo XII es un momento histórico de especial importancia en lo que se refiere a nuestra cultura. Fueron años de un gran florecimiento que anunciaban tempranamente lo que más tarde sería el Renacimiento.

Es entonces que la figura de la mujer adquiere un nuevo relieve tras largos siglos de marginalidad, que se manifiesta en  primer término a través del concepto de ella que el amor cortés exalta. La dama está en la cúspide del imaginario trovadoresco pasando tal vez del margen de la opresión al de lo inaccesible, llegando así al culto tan fundamental de la Edad Media tardía como es el de la Virgen María en cuyo nombre se construyen innumerables catedrales.

Lógicamente el espectro de posibilidades es muy amplio, según las clases sociales y entornos geopolíticos.

Languedoc propone una pintura de la época recurriendo a diversas fuentes literarias y musicales.

La obra se inicia con tres cantigas de amigo compuestas por Martín Codax en las que las amadas de los pescadores cantan a la espera del amigo mientras tejen sus redes.

"Katerine Colaudemus", perteneciente al cancionero de Carmina Burana, cuenta la terrible historia de esta santa que tras salir de las llamas fuera condenada a horrible prisión donde es rescatada por una luz virginal.

En muy otro carácter tres vecinas hablan de amoríos y maridos en la libertad del campo. (Toute seule y Soufres maris). Una de ellas cuenta el encuentro con su amado en la deliciosa canción de Vogelweide (Under der linden) y la escena culmina cuando estas gentes sencillas cantan y danzan con la muerte, esa otra dama ineludible que a todos nos iguala (Ad mortem festinamus, Llibre Vermell)

Lejos de la rústica austeridad campesina, en el castillo, damas y caballeros discurren acerca del amor cortés. "Can l'erba frescha" es una de esas típicas canciones en las que el trovador exalta las virtudes de su dama e indaga acerca del misterioso sentimiento que une al amor con el dolor.

Dos obras pertenecientes al Llibre Vermell cierran nuestro programa. Se trata de un cancionero del siglo XIV encontrado en el monasterio de Montserrat cuyo contenido son diez canciones en honor de María. En este santuario se encuentra la "Moreneta", una de las imágenes de la Virgen negra que señalan por su color la relación entre la madre y la tierra, y que fuera centro de peregriinación durante siglos. Alguna de estas canciones eran danzadas por los peregrinos dentro y fuera de las catedrales.

Marcelo García Morillo