Cuando allá por el año 1985, Marcelo García Morillo y yo
decidimos vivir juntos y compartir un proyecto de familia
 y de trabajo ,surgió el deseo de ponerle un nombre
a nuestra tierra y sin pensarlo demasiado apareció inmediatamente el que lleva desde entonces:
"El Pitio" o colaptes pitus
como lo conocen los ornitólogos.



Es decir, para los que vivimos aquí hace ya mucho tiempo,
el pájaro carpintero de nuestro valle, de las zonas bajas y abiertas. Ese bataráz grandote que llega a nuestros jardines
y además de picotear troncos, anda a los saltitos enterrando
 su pico entre los pastos, casi siempre en pareja y llenando el espacio con su simpático llamado : " ¡Pitío, pitío! "
y que (como me contara una vieja pobladora) cada vez
que llega anuncia visitas, cosa que pude comprobar
repetidas veces.



En fin, que estando Marcelo (excelente artesano de la madera y luthier, además de músico) y yo, con las manos siempre ocupadas en alguna labor, nos sentimos identificados con este pájaro inquieto y activo.



Desde entonces nuestro hogar ha crecido en un auditorio donde Languedoc brinda sus espectáculos, un salón donde practicar Tai chi, un taller donde Marcelo construye sus instrumentos y mi propio taller de pintura,dibujo y tapices.
Llegan así toda clase de visitas anunciadas por el pitío y cada día volvemos a elegir contentos el nombre de este amistoso pájaro patagónico.